reflexiones

La creatividad, un valor necesario para la transformación de las empresas

Seguro que, si nos preguntamos qué es para cada uno de nosotros la creatividad, coincidamos en algunas definiciones. Seguramente contestaremos cosas diferentes, pero muchas de ellas serán totalmente complementarias. 

A lo largo de estos últimos años, he podido comprobar en muchos artículos de revistas de la materia, cómo la creatividad se empieza a valorar como una “habilidad blanda”. Pasa igual con la inteligencia emocional. La creatividad no llega a valorarse como una habilidad imprescindible en las personas, siendo, sin embargo, muy importante a la hora de plantear posibles soluciones a retos de todo tipo que la vida nos va poniendo en nuestro camino.  

Pero, realmente ¿a qué llamamos creatividad y para qué sirve?

Por poner una definición “sencilla” y no por ello de menor significado y contenido. La creatividad, según la RAE es la facultad de crear, es decir, la capacidad de creación que tenemos los seres humanos. Pensemos que la creatividad es sinónimo de dejar libre el pensamiento para construir ideas y asociaciones diferentes, que no tienen por qué cumplir ninguna lógica previamente establecida, y que nos permiten crear algo nuevo, diferente, alternativo y original respecto a lo conocido hasta el momento.  Más o menos, es volver a pensar como cuando éramos niños, cuando al desconocer determinadas reglas, o lógica, inventábamos otras para nuestros juegos imaginarios.    

¿Quién no se ha sumergido en historias y momentos únicos, imaginando que viajaba en una nave espacial a la velocidad de la luz, con una caja de cartón y una linterna y al otro día, la misma caja, era un puesto del mercado donde vendíamos alguna mercancía? Hasta que alguna voz adulta rompía ese mundo mágico apremiándonos para ir a la cama, que ya era hora de acostarse.  

Quizá haya llegado el momento de introducir y señalar, como valor importante, la creatividad en la empresa. Cuestionemos cómo solucionamos algunos de los problemas que tenemos entre manos, o por qué han ocurrido las cosas de una determinada manera. Seguro que encontramos otras formas alternativas de resolverlos, o mejorarlos… La transformación es algo imparable que sigue su curso de forma constante; el mundo cambia y las empresas y las personas con él. Parte de la transformación de las empresas, pasa por la adaptación y el aprendizaje constante de lo nuevo que llega: herramientas, procesos, metodologías, nuevos modelos de negocio y, sobre todo, deberíamos preguntarnos cómo estamos gestionando el cambio.   

Muchas empresas nacidas en los últimos 20 años nos muestran que, desde sus estructuras organizativas hasta la evolución de sus productos y servicios, son pura creatividad: Google, Cabify, Apple, TESLA, Pixar, Microsoft, Spotify, Samsung, Nike… 

Son ejemplos de empresas que ya han nacido bajo los nuevos modelos de negocio, o han transformado sus productos y servicios, creando nuevos paradigmas empresariales muy diferentes a los tradicionales. 

Por lo tanto, la creatividad es una poderosa herramienta con la que nacemos y a la que no deberíamos renunciar, sino todo lo contrario, potenciar y afinar, desde la escuela para darle la utilidad necesaria en el mundo adulto tan necesitado de ella. De hecho, la creatividad es como la antesala, el paso previo de la innovación. Sin creatividad no se podría llegar a innovar. 

Cuántas veces hemos escuchado decir a nuestro alrededor que no somos nada creativos, o peor, lo pensamos de nosotros mismos… pero no es así. Si fuimos niños, seguro que empezamos a dejar de serlo el día que nos dieron un manual para hacer algo, siguiendo los pasos que estaban escritos, o nos dijeron, ante una iniciativa propia: “no inventes nada, que ya está todo inventado” o el clásico deja de ‘’reinventar la rueda”. 

 Pensando y re-imaginando, no se rompe nada.  Por lo tanto, salgamos del “cercado mental” que nos imponemos a nosotros mismos, o pensemos “fuera de la caja”, veamos alternativas a las soluciones del manual  y demos rienda suelta a ese niño/a que llevamos dentro. 

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Publicado por
Pilar Ramírez

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