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Mucho ruido y pocas nueces

Era de noche y reflexionaba sobre cómo había transcurrido laboralmente el día.
El balance era bueno, pero a la vez no tan bueno, o lamentablemente muy malo, según lo quisiera interpretar.

Era bueno porque la actividad había sido brutal y frenética, al nivel de calidad que buscamos y alineada estratégicamente con nuestro plan (con el mercado, clientes, porfolio, posicionamiento, etc.).
Por ejemplo: Habíamos llegado a un cuerdo en la 3ª versión del contrato que suscribía la 4ª versión de una oferta para un nuevo cliente muy interesante, después de haber errado con la primera oportunidad que se presentó y que supuso hasta 3 versiones de oferta con las consiguientes negociaciones y esfuerzos de preparación… Ya solo faltaba la ratificación del departamento legal (todavía no sabía las idas y vueltas que daría con este departamento, pero ¡ya sería el último!).
Por otro lado habíamos recibido la aceptación de una oferta de las 5 que habíamos presentado recientemente a un cliente en el que ya estábamos colaborando desde hace 8 años. Todas las ofertas tuvieron hasta 4 versiones y mucho esfuerzo de negociación, y reajustes, pero al menos ¡1 se había aceptado finalmente!.
Otro cliente fidelizado nos enviaba una petición de oferta de cierto volumen, pero a cambio (a cambio de la invitación a ofertar, no del nuevo contrato) pedía reducciones de margen en lo que veníamos haciendo hasta ahora.
De las visitas y reuniones programadas para ese día en 2 grandes cuentas, habíamos obtenido «esperanzas» para volver con nuevas presentaciones y reuniones en un futuro cercano. Es decir, un «vuelva usted mañana», lo cual es positivo porque lo habitual es darse de bruces con la puerta.
Un compañero de equipo comercial me había hablado con ilusión de que iba a presentar sus primeras 3 ofertas después de varios meses en blanco. Otro compañero del área estaba contento, en su caso, porque habíamos presentado una primera oferta a una gran cuenta, que por ser la primera no tenía ninguna posibilidad, pero era el primer paso a recorrer ya veríamos de cuántos…. Y otro más me llamaba muy ilusionado porque una oferta que dábamos por perdida hacía meses resulta que estaba viva a la espera de una primera fase de negociación con el fabricante de las licencias, y que luego podría ser que ya compitiéramos con las otras 3 empresas dentro de esa opción, si era la elegida.

Desde el lado producción me contaba el dtor. que el equipo estaba al 110%, entregado, comprometido y trabajando a un gran nivel, aunque en muchos casos fuera, por desgracia, en tareas que difícilmente iba a ser posible asumir como ingreso por múltiples justificaciones, casi todas ellas originadas por contrataciones exiguas de alcances demasiado ambiciosos. Tanto sobresfuerzo sin contraprestación por parte de los clientes, implicaba eso, sobreesfuerzos y limitaciones al crecimiento del equipo. Y finalmente implicaba desgaste y crispación para todos.
En el área de Administración por mi parte, solo había hecho que delegar y encargar tareas durante todo el día, y no sé si pudieron avanzar en su propio día a día.

El resumen es el mucho pedalear, con poco avance de la bicicleta ( es decir, mucho ruido, pero pocas nueces).


Esto da una idea de la actual ineficiencia que vivimos las empresas; Creo que debido a un mercado famélico y un entorno económico paupérrimo (y también, por una necesaria mejora en la productividad, que siempre es posible). Esta ineficiencia supone malos números, malas caras, malos ánimos y malos resultados.

Sin embargo, esa noche (y hoy) quiero quedarme con el lado positivo. Estamos vivos, muy vivos. Y coleamos. Coleamos, y mucho, en una determinada dirección. Sabemos a donde vamos, y llegaremos, aunque haya muchas falsas pedaleadas y muchas cuestas que remontar.

Nuestra obligación, nuestra responsabilidad como empresa, es construir, crear valor y crear riqueza, incluso en este entorno.
Como directivos la de diseñar la mejor estrategia, ejecutarla eficazmente, mejorar nuestra competitividad y lograr que nuestro equipo vibre con su desempeño, incluso en este ambiente.
Como profesionales debemos entender el momento del mercado y el contexto en el que nos toca dar lo mejor de nosotros mismos, en calidad y cantidad; no desfallecer, mejorar nuestra eficiencia, tirar adelante en positivo y sumar .
Como ciudadanos creo que toca el ser generosos, responsables, exigentes con nosotros mismos y con los demás (sobre todo con los poderosos), y nunca perder la esperanza.

Quizá sean pocas nueces, y sin duda demasiado ruido, pero con ellas vamos sembrando y algún día cosecharemos melodías. Al tiempo…

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Publicado por
Hugo de Juan

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