Más colaborativos, inteligentes, flexibles y veloces

Una mañana laboral del 2024 no es tan distinta de cómo lo era en el 2017

una mañana de 2024

18 de abril de 2024, son las 9:00 a.m cuando ya me dispongo a trabajar desde casa, en la siempre feliz mañana del jueves, antes del merecido fin de semana.

Mi nuevo asistente domótico (99,00ecoins que transformé ayer) me lee la carga de tareas que tengo a resolver hoy, mientras la voy leyendo en la proyección de sobre la pared del salón. Lo prefiero así porque las gafas con realidad aumentada, a primera hora de la mañana, me resultan incómodas.

Veo que la mayoría de tareas a ejecutar han sido decididas por el Sistema, que sabe mejor que nadie lo que mis compañeros y el resto de Sistemas necesitan de mí, por orden de importancia y de urgencia.

Sorpresivamente, hoy recibimos en la fábrica la visita de un buen cliente que quiere conocer a las personas que hay detrás del servicio que le venimos prestando hace años. El Sistema ha decidido convocarme porque mi jefe está indispuesto.

No se hable más, le pido al asistente domótico que me solicite un transporte y por el camino ya iré resolviendo alguna otra de las tareas. Mi asistente domótico me dice que el Sistema ya lo había solicitado; exactamente en 10’ estará abajo, esperando.

También le pido a mi asistente que le explique a mis hijas mi salida imprevista cuando vuelvan de clase, y que encargue comida para ellas según sus respectivas dietas (y que esa orden no puede sUna mañana del 2024er sobre-escrita por ellas, que me las conozco).

Salgo de casa confiado de que el asistente se asegurará de que cada electrodoméstico hace su función,  que mi hogar quedará seguro y al mínimo consumo, hasta que mis hijas estén acercándose a casa, y de que todo estará en orden a mi vuelta.

Con la llegada del vehículo de conducción autónoma y la cooperación inteligente entre ellos, los atascos son recuerdos del pasado y el trayecto se me hace muy corto. Al menos me ha dado tiempo a tener una reunión virtual con el equipo que va a atender la visita del cliente, y a asegurarnos que los sistemas de traducción simultánea están actualizados al dialecto que se habla en su región de china. Todos hemos revisado los datos y métricas del cliente y sus últimas incidencias durante el trayecto.

Justo antes de llegar a fábrica el Sistema me pide que tome una decisión ante un conflicto de intereses, ya que sabe que me gusta dirimirlo personalmente. Me consta que en breve me voy a quedar sin este privilegio como directivo, pero es que es cierto que pocas veces decido algo diferente a lo que el Sistema hubiera hecho.

En la puerta, una cámara me reconoce y me da acceso. El equipo me estaba ya esperando allí mismo porque me gusta publicar mi ubicación, en los Sistemas mi empresa, accesible a todos mis compañeros.

Ensayamos el paseo por la fábrica. Los operarios del turno de mañana están monitorizando los diferentes procesos y facilitando que todo fluya adecuadamente. Todo va bien.

Nos paseamos entre los robots colaborativos tratando de no perturbarles en sus quehaceres hacia la sala de diseño e innovación, al fondo de la fábrica. Antes, hemos comprobado que la gama que se está fabricando de forma personalizada para el cliente de la visita está respondiendo al último modelo que se ha recibido esta misma mañana. Los indicadores de entrega y de calidad son buenos, los de rentabilidad y respeto al medio ambiente también. El cliente ya lo sabe porque está informado en tiempo real de estos parámetros y tiene acceso visual a todo el proceso, pero creemos que verlo en directo le resultará curioso.

Entramos en la sala de Diseño e Innovación, donde una parte del equipo nos está esperando, según la agenda que el Sistema les ha planificado para hoy. Esta vez, no puedo evitar ponerme las gafas de realidad aumentada porque es la única forma de entender sus explicaciones sobre los nuevos diseños que vamos a mostrar al cliente, para sorprenderles en su visita. Ensayan la prueba y vuelcan el diseño a una línea de producción de pequeñas tiradas y algo falla.

Inicialmente reina el caos, pero el equipo presencial y remoto sabe colaborar y comunicarse. El problema tiene solución. Parece que habrá que modificar la línea y reajustar los robots. Será necesario mucho trabajo, aunque diferente al esperado inicialmente. Con un poco de creatividad se reconduce la que va a ser la visita del cliente.

Todo saldrá bien. El futuro saldrá bien.

Esta entrada ha sido publicada en reflexiones. Enlace permanente.
ENCAMINA, piensa en colores